Kambalache

Kambalache es una corrala de dos plantas construida a finales del siglo XIX y reformada en 1905 en la plaza del Campillo del Mundo Nuevo, en pleno Rastro madrileño. Consideramos toda la corrala patrimonio histórico, aunque por ahora sólo su fachada esté denominada así. Es una de las últimas corralas que quedan de las más de 400 que estaban en pie hace tan sólo 40 años. Por sus casas, locales y talleres han pasado decenas de vecinos y proyectos. Sus últimos habitantes le volvieron a dar vida hace tres años y llamaron a la corrala Kambalache.
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La desaparición de la forma constructiva de las corralas es también la desaparición de esa vecindad, erradicada y sustituida en gran medida por un individualismo exacerbado, un aislamiento forzado en casas­búnker, una privacidad paranoica y una obsesión de orden.
Hace cerca de 10 años la entonces propietaria echó de sus hogares a las familias que la habitaban, una por una, utilizando como excusa un peligro de ruina que nunca se documentó.
 La asociación Gruñidos Salvajes tuvo que dejar el espacio por las presiones de la propiedad, siendo los últimos inquilinos de la corrala hasta 2011 en que se convirtió en Kambalache, cuando un grupo de personas decidió recuperarla y llegaron a un acuerdo con su propietario, quien había  comprado por 10 millones de euros la finca a su antigua dueña, pidiendo un crédito a La Caixa. El estallido de la burbuja inmobiliaria truncaba los planes especulativos que llevaban amenazando el edificio.
 
Kambalache es un espacio que  propicia una forma de vida comunitaria, unas auténticas relaciones vecinales y  convivenciales, una forma  de vida que ha sido fue muy característica del barrio, y que en esta corrala se ha podido mantener hasta hoy en  día. 
En 2012 el edificio pasa a ser propiedad de La Caixa, que no respeta el acuerdo al que Kambalache llegó con el anterior propietario. Inicia en otoño de 2013 un proceso legal que hoy sigue en marcha con el próposito de vaciar el edificio, dejando en la calle a sus habitantes.
En todos estos años de especulación, la corrala ha sufrido un proceso de degradación que hubiese sido aún mayor de no ser por los trabajos de mantenimiento que el grupo de apoyo a Kambalache ha realizado. Si la Caixa consigue llevar a cabo sus tiránicos planes, el edificio volverá de nuevo a engrosar la larga lista de inmuebles y solares en estado de abandono.
El emplazamiento en el que está situado  es muy goloso para los grandes interes económicos. Intereses contrarios a la mayor parte del barrio, que ha visto por un lado, cómo se expulsa a su población en pro de nuevos habitantes con mayor poder adquisitivo. Y por otro lado, ve como el pequeño comercio resiste a duras penas frente al avance de grandes superficies y cadenas comerciales.